El Papa Francisco, el Hombre y la Naturaleza

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Hoy desde aquí nos gustaría destacar la labor que el Papa Francisco, en reiteradas ocasiones ya, ha hecho en defensa del vínculo entre el hombre y la naturaleza. Un vínculo fundamental olvidado hoy en día y un obstáculo parece al desarrollo ilimitado que impone el sistema actual de consumo. Sin duda, el gran desafío que enfrenta al mundo de este siglo XXI.

Nos encanta que el Papa Francisco se posicione en este sentido y lo ponga en su lugar, en la base más profunda de todo y de todos los seres humanos. En el punto que debiera ser más importante de debate entre las naciones.

Os transcribimos un pequeño fragmento en este sentido del discurso del Papa Francisco en el Parlamento Europeo de Estrasburgo hace una semana, y aquí en el siguiente enlace lo podéis encontrar completo. Una dura crítica al sistema global, que tantas situaciones de abandono e injusticia social está generando. Merece mucho la pena.

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2014/november/documents/papa-francesco_20141125_strasburgo-parlamento-europeo.html

Este es tan sólo un ejemplo de muchas de sus intervenciones en actos públicos por todo el mundo. Una labor que ha sido agradecida y seguida desde los foros científicos más prestigiosos e incluso destacada desde la Revista Science.

“The war on environmental degradation has a powerful new ally: Pope Francis. (…) The Vatican has articulated some of its strongest environmental statements to date, calling for all of us to take personal responsibility and redirect our relationship with nature to ensure the future habitability and sustainability of this planet.(…) http://www.sciencemag.org/content/345/6203/1429.summary?rss=1

“(…) Junto a la familia están las instituciones educativas: las escuelas y universidades. La educación no puede limitarse a ofrecer un conjunto de conocimientos técnicos, sino que debe favorecer un proceso más complejo de crecimiento de la persona humana en su totalidad. Los jóvenes de hoy piden poder tener una formación adecuada y completa para mirar al futuro con esperanza, y no con desilusión. Numerosas son las potencialidades creativas de Europa en varios campos de la investigación científica, algunos de los cuales no están explorados todavía completamente.

Baste pensar, por ejemplo, en las fuentes alternativas de energía, cuyo desarrollo contribuiría mucho a la defensa del ambiente. Europa ha estado siempre en primera línea de un loable compromiso en favor de la ecología. En efecto, esta tierra nuestra necesita de continuos cuidados y atenciones, y cada uno tiene una responsabilidad personal en la custodia de la creación, don precioso que Dios ha puesto en las manos de los hombres. Esto significa, por una parte, que la naturaleza está a nuestra disposición, podemos disfrutarla y hacer buen uso de ella; por otra parte, significa que no somos los dueños. Custodios, pero no dueños. Por eso la debemos amar y respetar. Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la “custodiamos”, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar».Respetar el ambiente no significa sólo limitarse a evitar estropearlo, sino también utilizarlo para el bien. Pienso sobre todo en el sector agrícola, llamado a dar sustento y alimento al hombre. No se puede tolerar que millones de personas en el mundo mueran de hambre, mientras toneladas de restos de alimentos se desechan cada día de nuestras mesas. Además, el respeto por la naturaleza nos recuerda que el hombre mismo es parte fundamental de ella. Junto a una ecología ambiental, se necesita una ecología humana, hecha del respeto de la persona, que hoy he querido recordar dirigiéndome a ustedes.”

Papa Francisco

La forma en que las sociedades se relacionan con la naturaleza, condiciona y determina TODAS las relaciones de oportunidad de las personas. Y a todas las escalas.  Desde la más cercana, de aquellas personas que en sus casas se mueren literalmente de frío, abandonadas, en ciudades donde se derrocha la energía, o de hambre donde se desperdicia la comida, a la más lejana injusticia global y sangrante de las guerras y conflictos de la energía y los recursos. No pensemos ya en aquellos lugares donde no tienen acceso ni a agua ni a una alimentación adecuada, la gran mayoría, en un mundo que consume sin límite y desperdicia sin límite.Este sistema global, de consumismo, y destrucción del medio no es moralmente aceptable. No es aceptable, en ninguna de las escalas.

Se ha construido en oposición otra naturaleza salvaje. Más cruel, compleja e injusta. Que promete lo que no dispone, de la que dependemos más que nunca y que impone un final común acelerado.

¿Somos conscientes ? ¿Y a qué escala? ¿Y cuáles son las consecuencias?

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